Estoy
riéndome sola recordando en que consistía mi vida no hace mucho tiempo (pal de
añitos atrás), en el auge de mi niñez, aquella etapa en la que yo odiaba que me
hicieran dos colas, porque parecía un poddle, en la que pasaba momentos mágicos
jugando en la hamaca de mi casa y llevando a las Barbies de excursión al patio.
Recuerdo
aquella alcancía color rosada en forma de maleta, en la que ahorré mis primeros
RD$ 350 pesos para comprarme la barbie Pizza Hut, que mi papá terminó regalándome y todos esos pesos se convirtieron en chicles de los Picapiedras y en bolones
que traían postalitas de las Tortugas Ninjas que terminaron pegada en la nevera
de mi abuela.
Si,
también tuve zapatillas de Xuxa, me aficione con las Polly Pocket y sentí mi
primer Crush amoroso, por obviamente, Erick, el príncipe de la Sirenita (que
muñequito que está bueno).
Y
desde pequeña mi agenda social era muy apretada, yo organizaba bautizos para
las muñecas, bodas, cumpleaños e incluso velorios a los pobres pollitos de
colores que mis padres insistían en comprarme y que definitivamente no tenían
garantía.
También
el buen vestir es algo que viene desde niño, recuerdo el Flow que me dí con mis
zapaticos de charol blanco (que tenía prohibido rayar!) y mis medias cortas de
encaje para ir a ver al cine un domingo en la mañana la pelicula de los Powers
Ranger, por supuesto yo era Kimberly, tu sabes!!! la rosada.
Pero
no todo fue color de rosa, nunca olvidaré la insistencia de mi madre para que
yo bebiera “Emulsión de Scott”, lo que después de mucho pensar creo que ha sido
el causante de mis chichos izquierdos y derechos.
Y
nada, entre en la adolescencia y me enamore de Nick el de los Backstreet boys y conocí a Britney Spear.
A pesar de que muchas cosas han cambiado (mi
abuela no deja que le pegue postalitas en la nevera), sigo siendo todos esos
recuerdos y me alegra haber vivido esas etapas en sus respectivos momentos.
